A continuación se expone el marco económico actual.

Panorama global

La economía mundial atraviesa una fase de crecimiento moderado y desigual, sin una recesión global a la vista pero también sin un impulso lo bastante amplio como para hablar de una expansión sólida y generalizada. El FMI prevé un crecimiento del 3,3% en 2026, mientras que el Banco Mundial lo sitúa en el 2,6%, y ambas instituciones coinciden en que la actividad resiste, aunque a un ritmo contenido para los estándares históricos. La inflación mundial sigue descendiendo, con una proyección del 4,1% en 2025 al 3,8% en 2026 según el FMI, pero el Banco Mundial advierte de que la década de 2020 va camino de ser la de menor crecimiento global desde los años sesenta.

Estados Unidos, China y Europa

Estados Unidos sigue siendo el principal soporte de la actividad entre las economías avanzadas, con una previsión de crecimiento del 2,4% en 2026 según el FMI, apoyada por una política fiscal expansiva, unas condiciones financieras más favorables y un fuerte ciclo inversor ligado a la tecnología. China mantiene un peso decisivo en la economía internacional y el FMI prevé para ella un crecimiento del 4,5% en 2026, aunque condicionado por la debilidad del sector inmobiliario y por una demanda interna menos robusta que en otras etapas. La zona euro presenta una situación más débil, con un crecimiento previsto del 1,3% en 2026, favorecido por la moderación de la inflación pero limitado por la debilidad industrial, el menor dinamismo inversor y el impacto acumulado de los costes energéticos. ​

Comercio, inversión y deuda

El comercio internacional sigue funcionando, pero en un entorno cada vez más fragmentado y más condicionado por la política industrial, los aranceles y la reorganización de las cadenas de suministro. El FMI estima que el volumen del comercio mundial de bienes y servicios crecerá un 2,6% en 2026, mientras UNCTAD señala que los servicios ya representan el 27% del comercio mundial y crecieron alrededor del 9% en 2025, reflejando un cambio gradual en la composición del intercambio global. Al mismo tiempo, UNCTAD estima que la inversión extranjera directa aumentó un 14% en 2025 hasta 1,6 billones de dólares, pero concentrada en economías avanzadas, centros financieros y sectores como centros de datos y semiconductores, mientras el FMI advierte de que la deuda pública mundial podría superar el 100% del PIB a finales de la década.

Riesgos estructurales

La situación actual no está dominada por un colapso inmediato, sino por una combinación de fragilidades persistentes que limitan el crecimiento potencial y aumentan la vulnerabilidad del sistema económico internacional. El FMI identifica entre los principales riesgos una posible corrección brusca de las expectativas ligadas a la inteligencia artificial y a los sectores tecnológicos, así como una escalada geopolítica capaz de alterar precios energéticos, comercio y condiciones financieras. El Banco Mundial añade que muchas economías en desarrollo afrontan un servicio de la deuda más caro y menos espacio fiscal justo cuando deben crear empleo para una población joven muy numerosa, y estima que 1.200 millones de jóvenes alcanzarán la edad laboral en la próxima década.

España

España presenta un comportamiento comparativamente más sólido que buena parte de la zona euro, ya que la Comisión Europea prevé para 2026 un crecimiento del 2,3%, una inflación del 2,0%, un déficit público del 2,1% del PIB y una deuda del 98,2%. El crecimiento español se apoya en la demanda interna, el empleo y la inversión, mientras el INE situó el IPC de febrero de 2026 en el 2,3% interanual y la inflación subyacente en el 2,7%, lo que apunta a una moderación clara de los precios, aunque con cierta persistencia en los componentes subyacentes. La principal debilidad sigue siendo el mercado de trabajo, porque Eurostat cifró la tasa de paro en el 9,8% en enero de 2026 y el paro juvenil en el 23,5%, lo que mantiene a España entre los países con mayor desempleo de la Unión Europea.

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